El mercado dejó de financiar promesas: esta semana castigó con fuerza el gasto en inteligencia artificial, mientras el conflicto con Irán llevó el petróleo a 100 dólares y las tasas largas a máximos. Dos guerras distintas, un mismo mensaje para el inversor: prudencia.
Terminó la Copa del Mundo y en los mercados parece que, por ahora, nada cambió. Sin embargo, empezamos a tener definiciones importantes que pueden tener consecuencias en nuestros portafolios. En apenas unos días, el mercado nos dejó dos señales que conviene no subestimar. Las dos tienen forma de guerra: una se pelea en los balances de las tecnológicas, la otra en el mar Rojo.
Guerra 1: los que firman los cheques contra los que los cobran
En nuestra nota sobre las inversiones de inteligencia artificial habíamos descrito el ecosistema en dos bandos: los hyperscalers que "escriben los cheques" del capex —Microsoft, Google, Meta, Amazon— y los que los cobran —los fabricantes de chips y memoria—. Lo que vimos esta semana es una confirmación contundente de que esa tensión llegó a un punto de definición.
Google presentó un trimestre sólido, de esos que hace un año hubieran disparado la acción. ¿El resultado? Cayó 7% en un día. ¿El motivo? Volvió a subir el capex. Tesla contó una historia parecida pero peor: inversión de capital creciendo 142% interanual, flujo de caja libre negativo, y la acción respondió con una caída de 14%, su peor rueda en un año.
La lectura es clara: el mercado se puso a castigar el capex. Ya no alcanza con mostrar ingresos récord; si el gasto sigue creciendo más rápido que la evidencia de retorno, el veredicto es negativo. Y cuando el mercado castiga sistemáticamente un comportamiento, tarde o temprano la empresa tiene que cambiar. ¿Cuánto más va a aguantar así? Nuestra impresión es que no mucho: en algún momento los hyperscalers van a empezar a sacar el pie del acelerador, y cuando eso pase, los inversores los van a premiar —ya lo insinuó semanas atrás, cuando Meta subió con fuerza apenas trascendió que podría vender su exceso de capacidad de cómputo—. La contracara es incómoda: si los que firman los cheques recortan, los que viven de cobrarlos (semiconductores, memoria, y toda la cadena del data center) quedan del lado equivocado de la rotación.
Mientras tanto, hoy "tecnología" no es todo lo mismo. En lo que va del año, Apple sube casi 18% y NVIDIA 11%, mientras Microsoft pierde más de 21% y Tesla casi 29%. La dispersión entre nombres que solían moverse juntos es enorme — y es exactamente lo que se ve cuando un trade pasa de comprarse en bloque a analizarse caso por caso. Es momento de mucha prudencia con la exposición a IA, y sobre todo de saber qué se tiene y de qué lado del cheque está parado. Para peor, por lo que mencionamos antes el contexto puede cambiar rápidamente convirtiendo a ganadores en perdedores y viceversa.
Guerra 2: Irán, el petróleo y la Fed acorralada
La segunda guerra es más literal. En julio, el conflicto con Irán volvió a ser la narrativa dominante: los ataques hutíes a petroleros en el mar Rojo y la amenaza de una respuesta militar de Estados Unidos llevaron el Brent de la zona de 70 dólares a comienzos de mes a tocar los 100, una suba de 40% en apenas tres semanas.
Pero el dato que más nos importa no es el del barril: es el de la tasa. El bono americano a 30 años rinde hoy casi 5,2%, en la zona más alta del año. El mecanismo es directo: petróleo caro significa más inflación en el horizonte, y más inflación significa que es muy difícil pensar que la Fed pueda cambiar su postura en este escenario. De mínima, no habrá baja de tasas. El petróleo a 100 no es una noticia de energía: es una noticia de tasas.
Por qué esto puede afectar a la Argentina
Hay una tercera línea que conviene empezar a seguir. Nafta más cara y tasas altas son veneno electoral, y a este ritmo Trump se encamina a una derrota importante en las legislativas de noviembre. Para la Argentina esto no es un dato menor: con elecciones presidenciales en 2027, un Trump debilitado en el Congreso tendrá menos capacidad de apoyo —financiero y geopolítico— del que mostró hasta acá. No es un escenario para actuar hoy, pero sí para tener en el radar: parte de la compresión del riesgo país de los últimos meses descansa sobre ese respaldo. En definitiva, lo que esto podría hacer es aumentar el ruido electoral en 2027.
¿Qué hacemos con esto?
Nuestra lectura es consistente con lo que venimos diciendo: es momento de ser conservadores. Prudencia con la exposición a IA — especialmente con los nombres que dependen del cheque del capex ajeno—, distinguiendo dentro de tecnología porque ya no es todo lo mismo. Cuidado con la duration larga mientras la tasa a 30 años siga presionada por el petróleo. Y atención a los beneficiarios naturales de este escenario: la energía es el único sector que sube con fuerza en el año, y para el inversor argentino eso tiene un capítulo propio —con el barril a 100, Vaca Muerta deja de ser una promesa y pasa a ser una máquina de dólares— que merece una nota aparte.
Dos guerras, un mismo mensaje: el mercado dejó de pagar por promesas — de retorno del capex, de paz en Medio Oriente, de bajas de tasas. En estos contextos, la gestión del riesgo vale más que la búsqueda de un punto más de rendimiento en la cartera.
